El desconocido ya no me asusta. Ya estoy intima otra vez más de lo que desconocía. Ya sé donde, como, cuanto y cuando me asusta. Ahora que conozco el enemigo ya no lo veo tan feo. Sé que ahora sufro las intempéries de una diarrea, de las hinchazones, los malos humores por la falta temporaria de hormonas y del estómago hecho polvo, pero sé también que estoy garantizando una vida plena y llena de salud más adelante.
Semana pasada otro miedo me atemorizaba. Eran los gastos exorbitantes y la deuda crecente en la casa de los miles de dólares. Antes de entrevistarme con la trabajadora social, pasé a la capilla del ION para fotografiar la pintura de la pared. Me senté un ratito y pedi a Dios que me diera la mano.
Luego que salí de la capilla, me llamó Vanessa Atencio, la trabajadora social, una joven de 25 años, muy responsable y humana. Vanessa no solamente hizo la labor de entrevistarme como también de escuchar mi pranto inesperado y intempestivo. Ni yo entendí la razón para tanto lloro. Creo todos los miedos se juntaron en aquel instante y no pude contener el brote de mis emociones más duras. Todo estaba encerrado en aquella sala: el miedo de lastimar a entes queridos como mis papás, mis tios y mis amigos con la omisión sobre mi salud, el miedo del rechazo de la sociedad incredula, el miedo de no poder continuar con el tratamiento que me garantirá una vida larga, el miedo de no poder pagar los gastos del medicamiento que vale ouro, el miedo de no salir bien del tratamiento, el miedo de no poder tener bebés, el miedo de que mi hemoglobina que está en 12 baje más, el miedo de que me quede menopausica a los 37...eran muchos miedos. Y no sabia porqué todos se manifestaran en aquel momento...
Así como yo, Vanessa se quedó preocupada con mi lloro y me preguntó se yo necesitaba una psicóloga. Yo dice que no, no necesitaba. Y la verdad es que no necesito. Descobrí la causa para tal depressión. Es el paglitaxel, una de las dos drogas que me están administrando. La medicina está trabajando en mis hormonas, las está bloqueando. Imagino que eso sea suficiente para explicar mis cambios horrorosos de humores...Hablé con Dr. Omar y este me tranquilizó que eso solo durará hasta que se terminen las doce sesiones de paglitaxel y herceptin, en tres meses.
Ahora ya no me preocupa tanto el estar menopausica. Ya estuve a la margen de un ataque de nervios por eso. Obvio que esta clase de preocupaciones generaba otras inquietudes como, por exemplo, tener problemas para tener relaciones con mi marido, no tener hijos...pero ahora todo está en su lugar. Ya no tengo tantos miedos como antes. Ya superé más esa fase, ahora solo falta que yo termine las diez sesiones más de quimio que me quedan.
En el sábado mi marido llegará y pretendo hacer una nueva luna de miel con el!
Querido oncólogo
Hace 5 años
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